19.4.10

Salir a buscar

Se puede conceder un momento de reflexión. Pero no puede durar más que ese tango que dura lo que dura un tango. Sin ponerse melancólico ni tampoco memorioso en exceso. Sólo un instante de concesión. Si te ponés a llorar no me quejo. Si pensás que un fuelle va y vuelve en lo que para vos es activar la pena más honda que tenés en el corazón, te entiendo. Aunque demás está decirte que es poco lo que dura este instante, así te lo digo, casi sin pensarlo, dejándome llevar por la oscilación constante de un vals, de un tango que dura lo que dura un tango. Si tal vez te parece poco el momento lo suspendemos en el aire y lo eternizamos para que puedas sentirte mejor, sin fotos ni recordatorios.
Ahora sé que puede parecer apresurado, el final como todas las cosas siempre llega sin avisar, aunque a veces lo sospechamos. Lo sentimos tan cerca que nos confundimos con él y ya no estamos. Como el tango que termina y deja sonando, repiqueteando un murmullo de sonido temprano, de madrugada violeta tirando a celeste. Un rumor de la mañana y el olor de toda duda, de toda búsqueda que no dura un instante, que dura lo que dura y nada más.

2 observadores:

una dijo...

...y nada más

f3d3 dijo...

Para estirar el final del tango melodioso que fue tu ensayo, amigo,
te cito un tango, sólo su poesía.

LA ÚLTIMA CURDA

Lastima, bandoneón, mi corazón
tu ronca maldición maleva;
tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
donde el barro se subleva.

Ya sé, no me digás: tenés razón;
la vida es una herida absurda
y es todo tan fugaz
que es una curda nada más
mi confesión.

Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿No ves la pena que me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido.

¡Ya sé que te hago daño!
¡Ya se que te lastimo
llorando mi sermón de vino!

Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en el licor que aturde,
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón.

Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo;
marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda.
Cerrame el ventanal
que quema el sol
su lento caracol de sueño
¿No ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol?

Contame tu condena...

Letra: Cátulo Castillo
Música: Aníbal Troilo